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Factores que permitieron el desarrollo social durante el precerámico tardío 29 diciembre 2010

Posted by donambro in Arqueólogia, De viento y arena.
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Fuente: Capítulo 2 del libro Bandurria, Arena, Mar y Humedal en el Surgimiento de la Civilización Andina (2008), pags. 37-42.

La conjunción de factores climáticos (cambio en las corrientes marinas) con factores culturales (el desarrollo de una adaptación marítima por parte de los grupos costeros) a inicios del Precerámico Tardío, fue lo que causó el precoz desarrollo de la región Norcentral del Perú, convirtiéndola en uno de los focos civilizatorios autónomos del planeta.

Los Recursos Marinos:
El mar fue una fuente inagotable de recursos que permitieron el sedentarismo temprano en el litoral. Los sitios correspondientes a los periodos Precerámico Temprano y Medio, a lo largo de toda la costa, muestran una adaptación marítima desde tiempos muy antiguos. Es muy probable que las técnicas de pesca que observamos en el Precerámico Tardío se hayan originado en los periodos anteriores. La estabilización de la línea de costa, las aguas frías, la poca profundidad del zócalo continental y la introducción del algodón como planta industrial, fueron factores que contribuyeron a la conversión de los recursos marinos en la base económica de las sociedades costeras.

El Mar del Perú:
Las aguas del Mar del Perú, en el Sector Central y Meridional, por la latitud en la que se encuentran, deberían tener temperaturas entre los 25 y 26° C. Pero debido al fenómeno del afloramiento, su temperatura media es inferior, lo que vuelve a sus aguas más frías en comparación con las aguas oceánicas, que son más cálidas.
El fenómeno del afloramiento consiste en el ascenso del agua fría, más profunda, a la superficie. Esto sucede porque el agua superficial se torna más densa por el aumento de la salinidad y se hunde. Al hundirse esta agua es reemplazada por agua que se encuentran a 50 ó 100 m de profundidad, iniciándose de esta manera un ciclo ondulatorio. Esta circulación de agua superficial y profunda es reforzada por el movimiento de rotación de la Tierra. Los vientos alisios que soplan en la superficie convierten las crestas de esta masa de agua fría en corrientes o gigantescos “ríos” marinos.
El color de las aguas del Mar Peruano, en las zonas Central y Meridional, varía en tonalidad desde verde claro en el litoral, hasta verde oscuro dentro de las 200 millas marinas. Más allá de este límite toman el color azul marino.
El color verdoso del agua se debe a la presencia del plancton (fitoplancton y zooplancton) que abunda en las aguas frías. El fitoplancton es un alga microscópica clorofílica, y es la base de la biomasa marina.
La salinidad de las aguas del Mar Peruano varía entre 34 y 35 por mil, lo que significa que en un litro de agua hay 34 ó 35 gramos de sales minerales. El porcentaje de salinidad es mayor en la Zona Norte y menor en la Sur. En la zona situada entre Piura e Ica la salinidad es de 34,9 por mil, mientras frente a Arequipa y Tacna es de 34,5 por mil.
En su mayor parte el Mar Peruano está conformado por la Corriente Peruana o de Humboldt, un flujo permanente de agua fría que proviene de la Antártida, pasa por Chile y recorre gran parte de la costa peruana hasta los 5° de Latitud Sur, desde donde se desvía hacia el Oeste. La baja temperatura (por el fenómeno del afloramiento) y relativa alta salinidad, favorecen la riqueza en nutrientes (particularmente en la corriente costera). En el extremo norte de la costa se presenta la denominada Corriente del Niño, un flujo irregular de agua cálida proveniente del norte que aparece a fines del mes de diciembre de cada año. Baña parte de la costa ecuatoriana y se extiende paralelamente a la costa peruana aproximadamente hasta los 6° de Latitud Sur, donde se encuentra con la Corriente Peruana. La Corriente del Niño se caracteriza por tener altas temperaturas, baja salinidad y ser pobre en nutrientes.
Para las poblaciones costeras los pescados y moluscos fueron la principal fuente de proteína animal. Sus técnicas de pesca fueron sofisticadas, probablemente como resultado de una larga tradición de adaptaciones marítimas, y parece que fueron aplicadas tanto cerca cuanto lejos de la orilla, por las especies encontradas en el registro arqueológico (Quilter 1989, Beárez y Miranda 2000). Las especies corresponden en su mayoría a especies de aguas frías, entre las que destacan la anchoveta (Engraulis ringens) y la sardina (Sardinops sagax). También se han encontrado huesos de ballenas en las excavaciones en diversos sitios del Precerámico Tardío. Probablemente fueron aprovechadas cuando varaban, mientras los lobos marinos y las tortugas eran capturados en enero, durante la época de apareamiento (Quilter 1991: 397). Los moluscos complementaron de manera importante la provisión de pescado obtenido de la pesca: se aprovecharon los de fondo arenoso –generalmente almejas como la Macha (Mesodesma donacium)– y los de fondo rocoso –principalmente choros, como el Choro Azul (Choromitylus chorus)–. También se consumieron crustáceos, como los cangrejos.

Las Plantas:
En la región Andina, durante el Precerámico Medio, se domesticó una serie de plantas, lo que complementó a la base marina. De estos cultivos, sin lugar a dudas, el algodón (Gossypium barbadense) –conocido también como algodón nativo o país– contribuyó de manera significativa al surgimiento de las sociedades complejas de la región, al ser utilizado como materia prima para la confección de redes y cordeles de pesca, así como para hacer telas. Aunque se menciona frecuentemente la importancia del algodón en la sociedad Precerámica, poco se conoce sobre su origen y domesticación. Como ya se mencionó, la aparición de los tejidos de algodón marcan el inicio del Precerámico Tardío, como lo señaló Engel (1963, 1964, 1966). Sobre este mismo asunto, Lanning afirmó: “El algodón y los mates, universales en los sitios del Período VI (Precerámico Tardío), generalmente dominan los restos de plantas cultivadas recuperadas en las excavaciones. Los tejidos de algodón son los que dan carácter y definición al período como un todo” (1967: 19, traducción nuestra).

El Algodón:
El algodón domesticado aparece relativamente tarde en los Andes Centrales, y sus orígenes aún no son claros. La especie Gossypium barbadense es una variedad tetraploide diferente a las otras especies de algodón cultivadas en el Viejo Mundo y en Mesoamérica, y parece que cada una de ellas representa a un proceso de domesticación independiente. El centro original de la domesticación del algodón en los Andes Centrales habría estado entre la costa norte del Perú y el sur de Ecuador (Marcos 1988), donde, al parecer, se ha identificado una variedad silvestre de algodón. Esto se confirmaría con el reciente hallazgo de algodón de 7000 años de antigüedad en Ñanchoc, en el valle de Zaña (Dillehay et al. 2007: 1892).
La fibra del algodón nativo (Gossypium barbadense) fue utilizada para la elaboración de tejidos, la medicina natural (Vreeland 1985: 5) y la confección de aparejos de pesca. Actualmente los tallos del algodón son un componente importante en la dieta del ganado caprino en las zonas de pastoreo, mientras los arbustos sirven para dividir las parcelas de conducción de los pequeños agricultores, sirviendo como cercos y protegiendo los bordes de las chacras.
Las investigaciones etnográficas realizadas en diversas comunidades de los valles de Piura y Lambayeque han demostrado la gran importancia del algodón nativo en la sociedad actual de esos lugares (Vreeland, 1982, 1985, 1999). La mayoría de las mujeres todavía sabe hilar y tejer, y la fibra del algodón es la materia prima de un sistema de producción artesanal muy riguroso para elaborar tejidos íntegramente asociados con la vida doméstica y ceremonial de pueblo. El algodón en rama se utiliza como un remedio casero para el tratamiento, entre otras enfermedades, del “mal de ojo” y la “picadura de araña”. La fibra también juega un rol central en determinados ritos de iniciación y ceremonias tradicionales.
El algodón nativo está adaptado a los suelos eriazos y salitrosos de la costa. Los propios campesinos aseguran que su algodón puede sobrevivir hasta cinco años sin recibir las aguas de irrigación, debido a su fino y extenso sistema de raíces (Vreeland, 1985: 6). Los estudios elaborados por la ONERN indican que la mayor ventaja del cultivo de algodón en la costa peruana reside en su gran rusticidad, la que se pone de manifiesto en su resistencia no solamente a la sequía, sino también a las condiciones de salinidad y altas concentraciones de boro, situación que afecta a extensas áreas del litoral. Se han informado casos en los que el algodón nativo crece en suelos desecados que contenían 900 ppm de boro, cuyo nivel de toxicidad para la agricultura, en general, es de 4 ppm. Este tipo de ambiente, con suelos muy salinos, correspondería al de los sitios del Área Primigenia, por lo que creemos, a diferencia de otros investigadores, que el algodón fue cultivado inicialmente en el litoral, en las zonas húmedas próximas a los sitios. Según Quilter (1991: 399), es posible que el algodón creciera en “huertos” y fuera utilizado desde antes de ser totalmente domesticado. En Huaca Prieta, Stephens (en Bird et al. 1985: 234-235) observó la presencia de semillas velludas en niveles precerámicos y semillas lisas en estratos cerámicos. Las semillas lisas prevalecen en las variedades modernas, y es más fácil retirarlas a mano de las fibras. Sin embargo, es clara la tendencia del aumento en el tamaño de la semilla, cápsula y fibra en todos los niveles de Huaca Prieta, sugiriendo el manejo y cultivo del algodón para el Precerámico Tardío. El cultivo del algodón en huertos debió cubrir todas las necesidades de confección de telas y redes de los sitios del litoral. Posteriormente, con el aumento de la población y el aumento de la demanda de redes y telas, se comenzó a cultivar en los valles costeros.
También es notable la resistencia del algodón país a varias enfermedades comunes de esta planta: es menos afectado por los insectos y microorganismos que debilitan a los cultivos híbridos.

Otras plantas:
Otra importante planta que jugó un rol destacado fue la calabaza (Lagenaria siceraria). Se le usó como alimento, recipiente y para propósitos industriales. Junto con el algodón, abunda en los contextos del Precerámico Tardío. Parece que fue domesticada en el Precerámico Medio, pues en Ñanchoc se han encontrado macrorrestos de una antigüedad de 10000 años (Dillehay et al. 2007). Lo mismo ocurre con el ají (Capsicum sp.), un cultivo común en el Precerámico Tardío. Aunque en el Precerámico Tardío aparecen nuevos cultígenos y se da un mayor énfasis a la agricultura en general, se trata de un crecimiento lento y continuo iniciado en el periodo anterior: no se observa que en él se haya producido una revolución en la economía de subsistencia.
Las plantas que empezaron a ser aprovechadas, o solo han sido encontradas en pequeñas cantidades antes del Precerámico Tardío, incluyen frijoles (Phaseolus lunatus, Phaseolus vulgaris y Cannavalia sp.), frutos como Lucuma bifera (lúcuma), Psidium Guajava (guayaba), Inga Feuillei (pacae), y tubérculos como Pachyrrhizus tuberosus (jíquima) y Canna indica (achira). Papas domesticadas (Solanum tuberosum) y camotes (Ipomoea batatas) se han recuperado en Huaynuná, Casma (Ugent et al. 1982, 1983) y Caral, Supe (Shady 1999a, 2000b, 2005: 17). Por supuesto, esta lista incluye al algodón, como se ha indicado anteriormente. Smith (Grieder et al. 1988: 144) sospecha que las semillas de algodón encontradas en La Galgada fueron partidas por humanos para consumir el aceite, mientras Hutchinson (citado por Bonavía, 1982: 344) ha informado que la semilla de algodón también es rica en azúcares.
La evaluación de la importancia relativa de los alimentos en la dieta es difícil de hacer, ya que los frijoles y tubérculos dejan pequeños residuos, mientras los frutos de árboles dejan mayores restos, en la forma de semillas, principalmente. Además, es difícil estimar si los árboles frutales estaban totalmente domesticados o si recibían poca intervención humana.
Importantes recursos vegetales aprovechados por los habitantes del Precerámico Tardío fueron el junco (Schoenoplectus sp.) y la totora (Typha sp.). Ambas plantas fueron utilizadas para la confección de canastas, muy importantes para una sociedad sin cerámica, y esteras. De igual manera, la caña brava (Gynerium sagittatum) y el carrizo (Phragmites australis) fueron utilizados para la construcción de esteras y chozas. Estas especies, todas silvestres, crecen generalmente en áreas húmedas próximas a los litorales, como en el caso de Bandurria, Áspero, Vichama y probablemente Río Seco, lo que, además, evidencia la relación entre los asentamientos y este recurso. Dentro de los valles, esta vegetación se encuentra en las márgenes de los ríos y en las zonas de afloramiento de agua. Otra especie silvestre particularmente abundante en Bandurria es la grama salada (Distichlis spicata), que sirvió como combustible y temperante para la argamasa de barro usada en las construcciones del sitio.

Comparación entre diferentes especies de los principales sitios precerámicos

Se notan variaciones, presencias y ausencias en las diferentes plantas cultivadas o aprovechadas en los sitios del Precerámico Tardío (ver Cuadro). En la actualidad no está claro si estas diferencias representan el patrón de introducción de plantas en la costa Peruana, si se deben a los diversos ambientes –que favorecieron el desarrollo de una u otra planta– , a los efectos de los procesos culturales y postdesposicionales de los diferentes sitios, o la variabilidad en los métodos de recuperación y los estudios de restos paleobotánicos efectuados por diferentes arqueólogos (Quilter 1991: 399). Sin embargo, en los contextos excavados en Bandurria hemos observado que el componente vegetal, hasta el momento, se limita a unas cuantas especies de consumo (p. e. guayaba, ají y calabaza) y abundantes especies industriales (algodón, mate, junco, totora, grama salada, etc.).

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Comentarios»

1. Las 4 revoluciones culturales de Bandurria y Caral « El país de todas las sangres - 29 diciembre 2010

[...] Ya Lanning (1967) había notado la importancia de los recursos marinos en la dieta de los pobladores de la región Ancón-Chillón. Otros arqueólogos peruanos, como Rosa Fung, también se habían percatado de la importancia de los recursos marinos en el surgimiento de la Civilización Andina (1972). Posteriormente, Michael Moseley postularía la teoría sobre las “Fundaciones Marítimas de la Civilización Andina” (1975), según la cual los grandes complejos de arquitectura monumental de la costa peruana habrían sido construidos dentro de una economía basada en los recursos marinos. Insiste en el tema Chu (2008): “Los fechados radiocarbónicos disponibles para los diferentes sitios de la región muestran que las ocupaciones más tempranas corresponden a los sitios ubicados en el litoral de la región Norcentral, lo que se explica por su proximidad al mar, donde se inició la intensa explotación de recursos marinos (…) Este proceso de complejidad social tuvo como base económica los recursos marinos”. Huacho.info ha publicado un profundizado estudio de Alejandro Chu sobre este tema. [...]

2. marana - 9 abril 2011

agan bonito pz busko y no ay


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