Mensaje de Adviento 2008 de los Obispos del Perú

“El Señor Jesús guía nuestros pasos por el camino de la Paz”.

Nuestro País acaba de vivir una experiencia de solidaridad entre los Líderes de la Economía Asia-Pacífico que nos alienta y se manifiesta en diversos acuerdos de cooperación mutua e intercambio comercial en pro del bienestar de nuestros pueblos; asimismo percibimos, entre nosotros, signos de esperanza por el crecimiento macroeconómico y las nuevas oportunidades de desarrollo que se abren al Perú; sin embargo, tenemos que reconocer todavía los graves problemas que nos aquejan y que se vuelven persistentes: la injusticia social, la inestabilidad económica, la enorme desigualdad entre las personas y los pueblos, el flagelo de la corrupción, la violencia social y política en todas sus manifestaciones y expresiones.

La presencia de la corrupción en la esfera pública genera en la sociedad una desconfianza sistemática frente a las instituciones estatales y públicas. Todos somos testigos de conductas deplorables de corrupción; por ello alentamos la iniciativa del Gobierno de un Plan integral contra la corrupción, tanto en su aspecto preventivo, como punitivo

Constatamos también que los reclamos sociales se han multiplicado en las diferentes regiones de nuestra Patria, por lo que urge promover un diálogo respetuoso entre las partes, buscando consensos con los mecanismos más adecuados. Corresponde, en primer lugar, a las autoridades del Gobierno Central y Regional la responsabilidad fundamental de promover este diálogo, teniendo presente que dialogar, siempre es un buen camino, pero requiere de las partes un esfuerzo sincero por comprender al otro y una gran disposición en buscar y estar abiertos a la verdad, pues no se puede dialogar bajo la amenaza y la violencia que sólo promueven el odio y la distancia.

Como pastores de la Iglesia nos preocupa muy seriamente la inmoralidad reinante que corrompe conciencias, conductas y degrada los valores fundamentales de la vida, del matrimonio y la familia; por eso invocamos, especialmente la actitud profesional y responsable de los Medios de Comunicación Social, cuya labor debe estar siempre inspirada y sostenida por criterios firmes y éticos, sobre todo por el respeto a la persona, a los valores permanentes que sustentan a la familia y por el amor a la verdad.

El Adviento nos invita a mirar con fe y esperanza la venida del Salvador Jesucristo que nos abre a una nueva dimensión; que nos conduce a la conversión interior y exterior, a ser más hermanos, a la oración y a un esfuerzo sincero en la búsqueda de un Cristo Vivo encarnado en cada uno de nosotros. La Sagrada Escritura nos lleva al encuentro de ese Cristo esperado que ya vino, que viene todos los días y que volverá al final de los tiempos como príncipe de la Paz. El Adviento es un buen momento para la conversión, el perdón y la reconciliación que todos debemos poner en práctica para una convivencia fraterna.

En este sentido, los Obispos del Perú hacemos un llamado a las autoridades, a todos los sectores de la sociedad, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que juntos asumamos responsable y solidariamente la parte que nos toca en la tarea de pacificar y construir un Perú más justo y solidario que garantice una vida digna a todos los peruanos, incluidos los más necesitados.

La Iglesia invoca a Dios Todopoderoso y a la Virgen María, Madre del Redentor y Madre Nuestra, para que en este tiempo de Adviento remueva nuestros corazones y nos prepare para el encuentro con Jesús, que viene a salvarnos, a compartir nuestra vida y a traer la paz a nuestros espíritus.

¡Ven Señor Jesús!

Lima, 28 de noviembre de 2008
Los Obispos del Perú

Un comentario en “Mensaje de Adviento 2008 de los Obispos del Perú

  1. Considero que la iglesia está demostrando su cambio en estos tiempos. Noto que hay preocupación mayor por los problemas coyunturales, como es el político.Como custodios de las buenas costumbres religiosas en donde se enmarcan: justicia, honradez, honestidad no podían estar alejados.Creo que ahora están velando por esa religiosidad que sí es salvaguarda de nuestra fé.
    Fé en que todos, no solamente los burócratas, los empresarios y los que tienen dinero, puedan vivir en paz;sino que también los pobres, respaldados por nuestra iglesia lleguen a esa misma paz, quiensabe la más valedera y real.
    Bien por los obispos, mejor por nuestra Iglesia, renovada.

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