Arguedas: “Que tu espíritu encuentre la paz en la tierra desigual, cuyas sombras tu percibes demasiado”

-Tú deseas la muerte, extraña criatura -me dijo-. Ten la paz; acuéstate. Las campanas te despertarán. 
Me levantó el rostro con sus manos. Me miró largo rato, como si yo fuera un remanso del Pachacaca. Sentí su mirada lúcida y penetrante.
– Que el mundo no sea cruel para ti, hijo mío -me volvió a hablar-. Que tu espíritu encuentre la paz en la tierra desigual, cuyas sombras tu percibes demasiado
“.

Esta conversación se encuentra en las últimas páginas de “Los ríos profundos“: el padre director se despide con estas palabras del joven Ernesto, el protagonista de la novela, que encarna la adolescencia del mismo autor.
Parece que este sacerdote sepa adivinar algo que el mismo Arguedas manifestará pocos años después: “Tu deseas la muerte”, pero, sobre todo, de manera aguda intuye los motivos más íntimos de su inquietud: un joven que percibe en manera demasiado fuerte en su interior las desigualdades no sólo geográficas, más bien sociales de su país: un Perú en el cual criollos y andinos viven cerca sin encontrarse, sin reconocerse, sin un ideal común.
Quizás este encuentro podía cambiar la suerte del novelista peruano, pero no fu suficiente la bendición del padre director: el mundo cruel pesaba demasiado en el corazón de Arguedas, así que en diciembre 1969 él mismo se disparó mortalmente.

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